La revista Jacobin publica un artículo de Pablo Abufom Silva dedicado a la edición argentina del libro Pensar después de Gaza.
https://jacobinlat.com/2025/10/pensar-durante-gaza-pensar-desde-palestina/
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“Pensar desde Gaza, el último libro de Franco Berardi, no es un libro sobre Palestina. Es un libro que habla sobre cosas que han pasado o están pasando en Palestina y que está escrito a propósito del genocidio contra el pueblo palestino. Pero, sobre todo, es un libro sobre el modo en que el autor percibe el colapso de Occidente, tal como se expresa en las lógicas genocidas del militarismo actual, en las nuevas formas de organización del trabajo, en la bancarrota de las instituciones democráticas y en el modo en que la tecnología atraviesa la experiencia cotidiana de la clase trabajadora del mundo. Es un libro con una pretensión clara: mirar a los ojos el colapso actual, mostrar que no hay más salida que la deserción a todo lo que nos ofrece la política actual y, junto con ello, exponer una crítica total al tipo de capitalismo que hace posible un genocidio como el de Gaza.” (en Italics las citas del articulo de Pablo Abufom Silva)
Aunque este artículo critica duramente las tesis que expreso en mi libro, no tengo intención de pelearme con Pablo, a quien agradezco su atención. Realmente no creo que este sea el momento de polemizar entre nosotros, mientras el hiperfascismo trumpista triunfa en Argentina, como en otros lugares. Creo que es hora de decir lo que pensamos, con calma y amistosamente.
Estoy convencido de que la reflexión no puede detener la tendencia trumpista global, la devastación climática y la guerra. Pero al menos nos ayuda a mantener la claridad y a reconocer lo que queda de humanidad y razón. Como dijo Simone Veil en 1933, cuando Hitler tomó el poder y los nazis llenaron las calles: «La peor desgracia para nosotros sería no solo ser impotentes para detener al opresor, sino también incapaces de comprender y decir la verdad. Por eso me propongo esforzarme por comprender y decir lo que entiendo, aunque Pablo me acuse de nihilismo derrotista.
El artículo de Pablo comienza con un resumen del libro: observa acertadamente que el mío no es un libro sobre Palestina sino más bien sobre el colapso psicológico, intelectual y político de Occidente.
“Pensar desde Gaza, el último libro de Franco Berardi, no es un libro sobre Palestina. Es un libro que habla sobre cosas que han pasado o están pasando en Palestina y que está escrito a propósito del genocidio contra el pueblo palestino. Pero, sobre todo, es un libro sobre el modo en que el autor percibe el colapso de Occidente, tal como se expresa en las lógicas genocidas del militarismo actual, en las nuevas formas de organización del trabajo, en la bancarrota de las instituciones democráticas y en el modo en que la tecnología atraviesa la experiencia cotidiana de la clase trabajadora del mundo. Es un libro con una pretensión clara: mirar a los ojos el colapso actual, mostrar que no hay más salida que la deserción a todo lo que nos ofrece la política actual y, junto con ello, exponer una crítica total al tipo de capitalismo que hace posible un genocidio como el de Gaza.”
Luego Pablo denuncia que mi pesimismo me impide reconocer el valor de la resistencia palestina, y así el libro se reduce a testimoniar que “estamos del lado de los colonizados aunque carezcan de una estrategia política común”.
“El principal corolario de este pesimismo y de este análisis es que no se atreve a llamar resistencia a la violencia anticolonial palestina y asume que no será posible detener el genocidio, sino solo «testimoniar que estamos del lado de los colonizados del mundo, aunque carezcan de una estrategia política común».”
No creo que la retórica sirva de mucho ante un genocidio que nos hemos visto obligados a presenciar en nuestras pantallas durante dos años, pero que nos falta la fuerza para detener. Sin embargo, Pablo tiene razón: estoy del lado de los oprimidos, aunque reconozco que toda fuerza política anticapitalista ha sido derrotada y que, por el momento, no tenemos ni la fuerza ni la estrategia para detener la violencia de los opresores.
Mi culpa, según Pablo, es estar obsesionado con el semiocapitalismo y la inteligencia artificial, y con las nuevas formas de esclavitud digital que han destruido la fuerza política del movimiento obrero.
“Creo que estas conclusiones surgen del mismo lugar que lleva a Bifo a su obsesión con la inteligencia artificial, su idea de semiocapitalismo y de que ya no hay clase obrera sino un precariado digital que predomina la producción virtual, que somos esclavos de las redes sociales entregando nuestra atención, la mercancía privilegiada por el capitalismo en su fase actual. Ese lugar es el encierro del pensamiento europeo en sí mismo, empujado por el ascenso del fascismo y del militarismo, incapaz de ver más allá de la propia biblioteca.”
No puedo negar que me obsesiona la derrota que el movimiento obrero ha sufrido tras la transformación digital del proceso productivo y sobre todo me obsesiona la mutación cognitiva que ha privado a la gran mayoría de la humanidad no solo de la capacidad de pensar, sino también de amar, de acariciarse y de vivir. Sí, me obsesiona: espero que Pablo me perdone.
La principal acusación de Pablo: Soy incapaz de ver más allá de la biblioteca europea. Es un eufemismo que podría traducirse de forma más brutal: soy un hombre (y varón) blanco que envejece.
No puedo negarlo: mi depresión es la depresión que ha atormentado durante mucho tiempo a la raza blanca, en declive demográfico, economico y psicológico. Debido a mi condición de blanco y envejecido, no puedo imaginar un futuro que no sea horrible. No veo los futuros brillantes que los ojos de Pablo pueden ver.
No puedo negarlo, pero desafortunadamente (muy desafortunadamente), mi condición existencial y psicológica encierra una verdad que trasciende con creces mi (repugnante) ser individual. La pulsión de muerte que domina mi mente envejecida es la misma que domina las mentes de la gran mayoría de la cultura blanca. No es una patología personal mía, sino una pulsión de muerte que domina irreversiblemente a Occidente.
Así como ciertos niños estadounidenses deprimidos toman un rifle y van a disparar a una escuela o una iglesia con la esperanza de que alguien venga y los mate, Occidente también ha decidido no desaparecer sin arrastrar a la raza humana con su propio suicidio.
El capitalismo que Occidente ha impuesto al mundo ya ha destruido irreversiblemente el clima del planeta y está destruyendo imparablemente las mentes de la nueva generación. No veo a nadie que pueda detener esta doble destrucción.
Si antaño el Occidente (demográficamente joven) expresaba una energía futurista y constructiva, hoy el impulso expansivo del cuerpo joven se ha transformado en una pulsión de muerte en el cuerpo envejecido de la raza blanca.
El fascismo del siglo XX fue el fascismo eufórico, expansionista y colonialista de los jóvenes futuristas. El fascismo de la era trumpista es un fascismo senil, aterrorizado por la invasión de migrantes y dispuesto a usar todas las armas disponibles para reafirmar el dominio del cuerpo blanco demente y moribundo. El fascismo trumpista ha conquistado a la mayoría de los blancos deprimidos porque funciona como una cura agresiva para la depresión.
Me disculpo por haber dicho lo que veo en lo profundo del inconsciente masculino blanco envejecido, porque también es mi inconsciente, aunque lo odie con todas mis fuerzas (declinantes). Pablo me acusa, sin embargo, de “renunciar a la humanidad” precisamente cuando urge un lenguaje de resistencia y una razón revolucionaria de esperanza, y cita la frase más conocida de Antonio Gramsci, la del pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad.
Disculpen, pero (con el debido respeto a Gramsci) esta afirmación es una idiotez. La voluntad sin razón está condenada al fracaso. La voluntad contra la razón no es más que histeria machista.
Afirmaciones del tipo «Solo quien deserta de la memoria, la historia y la verdad puede descubrir algún (minúsculo) espacio para la alegría» nos hablan de una extraña inversión del adagio gramsciano para abrazar el optimismo de la razón y el pesimismo de la voluntad.
Precisamente por darle tanta importancia a la fuerza de voluntad (que nadie sabe qué es) y a menudo ignorar la razón, los comunistas perdimos la guerra contra el fascismo. Ocultarlo no tiene sentido. Comprenderlo puede ayudarnos a encontrar una salida, a la que yo llamo deserción.
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APPELLARSI ALLA STORIA
Malgrado le loro iniziative risultino vane, questi attempati avvocati
cercano ancora di difendere la nostra causa disperata,
malgrado le loro parole risultino ormai incomprensibili nei consessi,
sento il dovere di dire una parola di speranza in questo consesso di disperati (che alzeranno le sopracciglia in segno di stupore:
questi vecchi sono lavati le mani dalla realtà
(che parrebbe essere la nostra disperata causa davanti alla Storia)
quanto alla Storia, il suo spazio vitale è la disperazione - e questi vecchi lo sanno bene,
eppure li vedi ancora perorare la causa davanti alla Storia
(Najwan Darwish: Più nulla da perdere, Il Ponte del Sale, 2021)
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MAKE ORWELL FICTION AGAIN
dimostrazione anti-trumpista di studenti di una città nord-americana
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Non serve a niente la retorica volontarista
Un’amichevole risposta a Pablo Abufom Silva
La rivista Jacobin pubblica un articolo di Pablo Abufom Silva dedicato all’edizione argentina del libro Pensare dopo Gaza.
https://jacobinlat.com/2025/10/pensar-durante-gaza-pensar-desde-palestina/
Anche se si tratta di un articolo duramente critico nei confronti delle posizioni che esprimo nel mio libro, non è mia intenzione polemizzare con Pablo, che ringrazio per l’attenzione che ha voluto dedicarmi. Non credo proprio che sia il momento di litigare tra di noi, mentre l’iper-fascismo trumpista trionfa in Argentina, come dovunque. Penso che sia il momento di dire quello che pensiamo, pacatamente e amichevolmente.
Sono convinto che comprendere e discutere non possa fermare la tendenza trumpista globale, la devastazione climatica e la guerra. Ma almeno serve a conservare lucidità a riconoscere quello che resta dell’umanità e della ragionevolezza. Come disse Simone Veil nel 1933, mentre Hitler prendeva il potere e le camicie nere riempivano le strade:
“la peggiore disgrazia per noi sarebbe essere non solo impotenti a fermare l’oppressore ma anche incapaci di capire e dire la verità.”
Per questo intendo sforzarmi di comprendere e di dire quel che capisco, anche se Pablo mi accusa di nichilismo disfattista.
L’articolo di Pablo inizia con una sintesi del libro: osserva giustamente che il mio non è un libro sulla Palestina ma piuttosto sul collasso psichico, intellettuale politico dell’Occidente.
“Pensar desde Gaza, el último libro de Franco Berardi, no es un libro sobre Palestina. Es un libro que habla sobre cosas que han pasado o están pasando en Palestina y que está escrito a propósito del genocidio contra el pueblo palestino. Pero, sobre todo, es un libro sobre el modo en que el autor percibe el colapso de Occidente, tal como se expresa en las lógicas genocidas del militarismo actual, en las nuevas formas de organización del trabajo, en la bancarrota de las instituciones democráticas y en el modo en que la tecnología atraviesa la experiencia cotidiana de la clase trabajadora del mundo. Es un libro con una pretensión clara: mirar a los ojos el colapso actual, mostrar que no hay más salida que la deserción a todo lo que nos ofrece la política actual y, junto con ello, exponer una crítica total al tipo de capitalismo que hace posible un genocidio como el de Gaza.”
Poi Pablo denuncia il fatto che il mio pessimismo mi impedisce di riconoscere il valore della resistenza palestinese, e quindi il libro si riduce a testimoniare che “stiamo dalla parte dei colonizzati anche se mancano di una strategia politica comune.”
“El principal corolario de este pesimismo y de este análisis es que no se atreve a llamar resistencia a la violencia anticolonial palestina y asume que no será posible detener el genocidio, sino solo «testimoniar que estamos del lado de los colonizados del mundo, aunque carezcan de una estrategia política común».”
Non credo che serva molto la retorica di fronte a un genocidio che da due anni siamo costretti a vedere nei nostri schermi ma non abbiamo la forza di fermare. Comunque Pablo ha ragione: io sto dalla parte dei colonizzati, degli oppressi, anche se riconosco che ogni forza politica anti-capitalista è stata sconfitta e che al momento attuale non abbiamo né la forza né la strategia per fermare la violenza degli oppressori.
La mia colpa, secondo Pablo, sarebbe quella di essere ossessionato dal semiocapitalismo e dall’intelligenza artificiale, e dalle nuove forme di schiavitù digitale che hanno distrutto la forza politica del movimento dei lavoratori.
“Creo que estas conclusiones surgen del mismo lugar que lleva a Bifo a su obsesión con la inteligencia artificial, su idea de semiocapitalismo y de que ya no hay clase obrera sino un precariado digital que predomina la producción virtual, que somos esclavos de las redes sociales entregando nuestra atención, la mercancía privilegiada por el capitalismo en su fase actual. Ese lugar es el encierro del pensamiento europeo en sí mismo, empujado por el ascenso del fascismo y del militarismo, incapaz de ver más allá de la propia biblioteca.”
Non posso negare di essere ossessionato dalla sconfitta che il movimento operaio ha subito a causa della trasformazione digitale del processo produttivo, e della mutazione cognitiva che ha tolto alla grande maggioranza degli umani non solo la capacità di pensare, ma anche di amare, di accarezzarsi e di vivere. Ebbene sì, sono ossessionato: spero che Pablo mi possa perdonare.
L’accusa principale di Pablo: sono incapace di vedere oltre la biblioteca europea. E’ un eufemismo che potremmo tradurre con parole più brutali: sono un bianco senescente (e maschio).
Non posso negarlo: la mia depressione è la depressione che da tempo perseguita la razza bianca declinante sul piano demografico, economico e psichico. A causa di questa mia condizione senescente e bianca non riesco a immaginare un futuro che non sia orribile. Non vedo i luminosi futuri che gli occhi di Pablo riescono a vedere.
Non posso negarlo, è così. Ma purtroppo (purtroppissimo) la mia condizione esistenziale e psichica contiene una verità che trascende di gran lunga il mio (schifoso) essere individuale. La pulsione di morte che domina la mia mente senescente è la stessa pulsione che domina la mente della grandissima maggioranza della cultura bianca. Non si tratta di una mia personale patologia, ma di una pulsione di morte che domina irreversibilmente l’Occidente.
Come capita a certi ragazzi depressi americani che prendono un fucile e vanno a sparare in una scuola o in una chiesa nella speranza che arrivi qualcuno e a suicidarli, anche l’Occidente ha deciso di non scomparire senza trascinare nel suo suicidio il genere umano.
Il capitalismo che l’occidente ha imposto al mondo ha già distrutto irreversibilmente il clima planetario e sta distruggendo inarrestabilmente la mente della nuova generazione. Non vedo chi possa fermare questa duplice distruzione.
Se un tempo l’occidente (demograficamente giovane) esprimeva un’energia futurista e costruttiva, oggi la pulsione espansiva del corpo giovane si è trasformata in pulsione di morte nel corpo senescente della razza bianca.
Il fascismo del Novecento era il fascismo euforico ed espansionista e colonialista dei giovani Futuristi. Il fascismo dell’epoca trumpista è un fascismo senile, terrorizzato dall’invasione dei migranti, e pronto a usare ogni arma disponibile per riaffermare il dominio del corpo bianco, marcio e moribondo. Il fascismo trumpista ha conquistato la maggioranza dei bianchi depressi perché funziona come cura aggressiva per la depressione.
Chiedo scusa per avere detto quel che io vedo nel fondo dell’inconscio bianco maschile senescente, perché è anche il mio Inconscio - anche se lo odio con tutte le mie (declinanti) forze.
Pablo mi accusa però di “rinunciare all’umanità” proprio quando sarebbe urgente un linguaggio della resistenza e una ragione rivoluzionaria di speranza, e cita la frase disgraziatamente più nota di Antonio Gramsci, quella sul pessimismo della ragione e l’ottimismo della volontà.
Chiedo scusa ma (con tutto il rispetto per Gramsci) si tratta di una frase idiota. La volontà senza la ragione è sicuramente destinata alla sconfitta. La volontà contro la ragione è solo isterismo machista.
Afirmaciones del tipo «Solo quien deserta de la memoria, la historia y la verdad puede descubrir algún (minúsculo) espacio para la alegría» nos hablan de una extraña inversión del adagio gramsciano para abrazar el optimismo de la razón y el pesimismo de la voluntad.
Proprio perché abbiamo dato molta importanza alla volontà (che nessuno sa che cosa sia) e abbiamo spesso ignorato la ragione, noi comunisti abbiamo perso la guerra contro il fascismo. Nasconderlo non serve a niente. Comprenderlo può aiutarci a trovare una linea di fuga, che io chiamo diserzione.
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Bologna, Vicolo Fantuzzi




